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La materia sello Diversidad Espiritual provocó un encuentro lleno de sentido y reflexión profunda en noviembre de 2025. La sesión comenzó con una meditación guiada por nuestra rectora, la Mtra. Rosa Alejandra García Bado, quien acompañó a las y los estudiantes a centrar la atención en su interior y abrirse a una mirada más consciente sobre su propio camino de vida. Este espacio preparó el ambiente para la conversación con Gonzalo “Mauta” Merino, un viajero jalisciense que ha dedicado los últimos meses a recorrer Latinoamérica en bicicleta en búsqueda de coherencia, propósito y simplicidad. 

Mauta inició compartiendo su momento vital. Reveló cómo, después de años de trabajo en una posición de alto estatus, llegó a sentirse profundamente desconectado de sí mismo. Una depresión en el punto más alto de su carrera lo llevó a replantearse la pregunta fundamental: “¿Qué haría de mi vida una fiesta?”. Desde ahí comprendió que la espiritualidad, para él, es sinónimo de gozar la vida, de elegir aquello que enciende el corazón y que le permite estar en paz consigo mismo. Su viaje, contó, ha sido una forma de encontrar la máxima coherencia entre lo que piensa, siente y hace. 

Tras esta introducción, presentó tres preguntas inspiradas en el Ikigai, una herramienta japonesa que ayuda a descubrir los talentos y pasiones más auténticas. Luego llegó el turno de las preguntas de la comunidad estudiantil. Las inquietudes tocaron lo profundo: ¿qué momento te llevó a cuestionarte si eras feliz?; ¿de dónde sale tu presupuesto diario?; ¿cómo enfrentas el peligro de dormir en la calle?; ¿alguna vez dudaste de tu decisión y cómo encontraste motivación para seguir? Mauta respondió con honestidad, compartiendo que vive con un presupuesto mínimo, que confía en las personas que encuentra en el camino y que, aunque hay días difíciles, siempre recuerda la plenitud que experimenta al rodar y sentir el aire en libertad. 

Uno de los ejes más significativos de la charla fue su filosofía de confiar y soltar, representada en los pedales de su bicicleta: el derecho para confiar y el izquierdo para soltar. Explicó que una vida con propósito implica elegir con claridad hacia dónde se quiere ir, pero también aceptar que el camino traerá giros inesperados. Lo que está en su control lo asume con firmeza; lo demás, lo deja fluir. Comparó este ritmo con inhalar y exhalar: un movimiento natural que permite avanzar sin quedar paralizado por el miedo. Para él, este equilibrio abre la puerta al gozo, la plenitud y la verdadera felicidad. 

Antes de despedirse, dejó una reflexión final: vivir con propósito es un acto de amor, porque “cuando mi energía tiene propósito, tiene amor”. Mauta expresó su deseo de inspirar a cada estudiante a encontrar su propia congruencia, a preguntarse cómo viven con lo que tienen y cómo lo disfrutan, y a buscar que sus acciones tengan un impacto positivo en quienes les rodean. Recordó que “la acción más compasiva para mí y los demás es la mejora que puedo hacer en este momento”, un llamado a la trascendencia cotidiana, sencilla y profundamente humana, que resonó con fuerza en quienes participaron del encuentro.