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Valeria, Isaac y Heli estudian Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Marista de Guadalajara y forman el Equipo Eclipse. Este año asumieron, junto con su coordinador de carrera, el ingeniero Juan Manuel Santana, uno de los retos más importantes de su trayectoria universitaria: organizar las actividades con las que la universidad participó en la Semana Mundial del Espacio México 2026, una iniciativa internacional que acerca la exploración espacial, la ciencia y la tecnología a personas de todo el mundo.

Por Staff Comunicación

Semanas antes de que comenzaran las conferencias, los talleres y los encuentros de la Semana Mundial del Espacio México 2026, había tres estudiantes recorriendo pasillos, enviando mensajes, coordinando reuniones y revisando listas una y otra vez.

No estaban construyendo un cohete, sino algo igual de importante: la oportunidad de que más personas descubrieran la emoción de la ciencia espacial.

Todo inició con la Primera Competencia Internacional de Hidrocohetes, realizada en colaboración con SOLACyT. Durante la jornada, nuestra universidad recibió a equipos de secundaria, preparatoria y licenciatura provenientes de distintos estados del país, quienes pusieron a prueba su creatividad, ingenio y trabajo en equipo.

Además de los lanzamientos, las y los asistentes participaron en talleres y en una conferencia sobre cohetería experimental impartida por el Ing. Ciro Zárate Tomás, docente de nuestro programa de Ingeniería Aeroespacial. Al final del día, más de 250 personas habían compartido una misma experiencia: aprender, sorprenderse y descubrir que la exploración espacial también puede sentirse cercana cuando existe una comunidad dispuesta a impulsarla.

La semana siguió su curso y bajo el lema global «Rocket Revolution», la edición 2026 de este evento celebró una nueva realidad: cada vez más jóvenes tienen la posibilidad de involucrarse en el desarrollo científico y tecnológico que dará forma al futuro. Para Valeria Ochoa, Isaac Vázquez y Heli Serrano, esa revolución tomó una forma muy concreta. Se reflejó en cada taller organizado, cada invitación enviada y cada esfuerzo realizado para acercar el mundo aeroespacial a otras personas.

Y lo que comenzó como un proyecto estudiantil terminó convirtiéndose en una experiencia que fortaleció su vocación y les permitió descubrir el impacto que puede generar el talento cuando se pone al servicio de una comunidad.

Para Valeria, cada edición en la que ha participado representa una oportunidad para crecer y preguntarse cómo hacer que la experiencia llegue más lejos que el año anterior. “Organizar un evento de esta escala exige una disciplina rigurosa”, dice.

Sin embargo, lo más valioso para ella no fue la logística ni los resultados visibles. Fue ver a otros estudiantes involucrarse.

“Involucrar a mis compañeros ha sido lo más gratificante; verlos resolver retos con iniciativa, hacer preguntas y generar conexiones valiosas con nuestros invitados le dio un sentido profundo a todo el esfuerzo”.

Esa experiencia también transformó la manera en que imagina su futuro profesional: “Hoy no solo busco inventar y desarrollar tecnología, sino aprender a posicionar ideas con impacto y construir la red necesaria para acercar la industria a las futuras generaciones de colegas y a nuestra comunidad en México”.

Isaac vivió el proceso de una manera similar. Para él, la Semana Mundial del Espacio representa mucho más que un evento académico: “Es más que un proyecto; es un reto a mí mismo”.

Cada edición implica aprender a coordinar equipos, resolver imprevistos y trabajar para que el alcance sea mayor que el año anterior. Son desafíos que pocas veces aparecen en los libros de texto, pero que forman parte de la preparación para el mundo profesional.

Al mirar hacia atrás, reconoce que nada habría sido posible sin el esfuerzo colectivo: “Cada persona formó una parte integral de todo esto, aportando capacidades y especializaciones únicas”.

Para Heli, en cambio, el momento más especial llega cuando las semanas de trabajo finalmente cobran sentido: cuando los espacios se llenan de personas, cuando comienzan las actividades, cuando surgen preguntas que despiertan la curiosidad.

“Lo más emocionante es ver a toda la gente participando en algo en lo que nosotros trabajamos”. Y añade: “Me devuelve la chispa por la cual decidí empezar este camino”.

Esa experiencia le confirmó algo más: que el entusiasmo por la ciencia crece cuando encuentra a otras personas con quienes conectar.

Esa convicción se hizo visible durante toda la semana. Uno de los momentos más significativos fue ver a estudiantes de Ingeniería Aeroespacial asumir el papel de talleristas y guiar por el campus a nuestros invitados, más de 100 jóvenes de diferentes preparatorias.

Quienes normalmente aprenden en laboratorios y aulas universitarias se convirtieron, por unas horas, en mentoras y mentores para las nuevas generaciones. A través de distintas actividades acercaron conceptos de simulación, cohetería y tecnología espacial, pero también transmitieron algo menos tangible y quizá más importante: la emoción de descubrir una vocación.

Fue una experiencia que refleja el valor más profundo de la educación marista: aprender para después compartir, inspirar y abrir camino a otras personas.

“El verdadero valor de la divulgación científica no se encuentra únicamente en compartir información, sino en generar experiencias que inspiren, despierten vocaciones y motiven a las personas a seguir aprendiendo”, menciona el ingeniero Juan Manuel Santana, coordinador del programa de Ingeniería Aeroespacial.

Más allá de las actividades realizadas, considera que el impacto más valioso surge cuando una experiencia logra despertar una pregunta, abrir una nueva posibilidad o acercar a alguien a una vocación que quizá no había imaginado.

Como él mismo señala: “Llegar al séptimo año consecutivo no es solamente una razón para sentir satisfacción; es, sobre todo, una invitación a continuar. Es reconocer que cada esfuerzo suma, que cada persona inspirada representa una oportunidad para el futuro”.

Quizá ese sea el legado más importante de esta edición de la Semana Mundial del Espacio.

Para Valeria, Isaac y Heli comenzó como el reto de organizar un evento. En el camino encontraron algo más profundo: la oportunidad de inspirar a otras personas, despertar su curiosidad y acercarlas a un mundo que les apasiona.

Porque la exploración del universo comienza mucho antes de que despegue un cohete.

Comienza cuando alguien descubre su vocación y encuentra la manera de encender esa misma chispa en alguien más.